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Exposición Galería Moto / 8 de julio 19:30h


Viejito pascuero



Silvestre, José Pedro Godoy (2008)


Water

20Nov08

ritnit.com


Ellos nos dijeron que faltaba poco para el paraíso en la tierra, pero vimos caer ante nuestros propios ojos el “indestructible” Muro de Berlín.

Ellos nos dijeron que nuestras ciudades eran inexpugnables al terror, pero vimos cómo caían las Torres Gemelas, convertidas en lluvia de cenizas.

Ellos nos dijeron que no habría recesión, que las finanzas se manejaban solas, pero vimos cómo las bolsas del mundo se desplomaban, como el muro, como las torres, como nuestros sueños.

Ellos son Wall Street. Nosotros somos Main Street, la calle, la realidad, los hombres de carne y hueso, los que se levantan en la mañana con una ilusión, los que salen a la calle a dar todo el sudor de sus frentes. Somos los que lloramos o cantamos, los que compramos, los contribuyentes: los que “contribuimos” con nues-tras propias vidas en los altares que Ellos han levantado.

Y eso es así desde que nos erguimos y hubo que ir a cazar y luchar contra el frío, el hambre y la escasez. Somos los N.N. de Neanderthal, Moscú, Santiago o Nueva York. Un día, hace mucho, Ellos se separaron de nosotros y dijeron: “Somos los hechiceros, los expertos, los magos de la tribu. Entréguennos su libertad”. A veces, Ellos nos hacen aparecer en una estadística en un gráfico; después, nos olvidan e ignoran, y nos vuelven a amar apasionadamente cuando se acercan las elecciones. Somos los que pagamos los impuestos, los que financiamos sus guerras.

Les entregamos nuestra fe y nuestros ahorros: juegan con eso en el casino, apuestan, enloquecen en orgías de especulación y lucro desbocado. Ellos nos llevaron ahora otra vez al abismo, y una vez más nos piden que vayamos a rescatarlos. Ellos no trepidaron en poner en riesgo el esfuerzo de toda nuestra vida, nos negaron tantas veces el agua y la sal, y ahora, de rodillas, nos imploran piedad.

Antes nos prometieron una sociedad igualitaria y nos hicieron esclavos de infernales totalitarismos. Después nos convencieron de que el mercado era la panacea de todos los problemas humanos. Ahora nos dicen que el Estado tiene que salvarlos. A Ellos, los especuladores.

Han especulado siempre. Antes especulaban con teorías políticas y filosóficas. Ahora especulan con los valores en la bolsa. Siempre han especulado con nuestras vidas, con nuestra sangre, con nuestros sueños y nuestros ahorros. Y, como un rebaño hipnotizado, una y otra vez, terminamos siguiéndolos al despeñadero de la teoría, que nada tiene que ver con la rugosa realidad.

Ellos, ayer, fueron el Partido, el Estado Dios. Ahora son Wall Street, el Mercado Dios. Nosotros somos Main Street, la calle, el perraje, los de abajo. Nuestros abuelos sufrieron en carne propia las recesiones nacidas de su ambición desbocada: siempre se han excedido por sobre los límites de la realidad. Nos ha costado décadas recuperarnos de sus experimentos económicos o políticos, de sus mentiras, de sus excesos. ¿Y ahora Ellos pretenden que les paguemos también su última farra?

¿Y qué pasaría si no lo hacemos, y los dejamos caer esta vez, para que conozcan también lo que es la derrota y el miedo? ¿Qué tal si no votamos por ellos en las próximas elecciones, y sacamos nuestros ahorros y los guardamos bajo el colchón, como lo hicieron nuestras abuelas? ¿Qué tal si arrojamos todos, al mismo tiempo, sus usureras tarjetas de crédito al mar?

Sí, que caigan de una vez, que veamos por fin la verdad desnuda y no subsidiada por nuestro sudor y nuestra sangre. Que Ellos bajen de su Olimpo a Main Street, a caminar por nuestras calles, a sudar, a llorar y reír con nosotros, que aprendan que existen las estaciones, que todo tiene su ciclo, su ritmo, sus límites. ¡Que caigan las máscaras, y los gigantes de pies de barro den por fin la cara, titiriteros de la gran Nada!

¿O volveremos a entregarles una vez más -oh, paciente rebaño- nuestras monedas y nuestra fe?

Por Cristián Warken.


Homero nos narra, en la Ilíada y la Odisea, las andanzas de Ulises. Todo partió con la épica lucha de diez años contra Troya. Después de la victoria, sigue la Odisea: el regreso de Ulises a su hogar en Itaca. Es una larga aventura navegando por el Mediterráneo. Esta etapa también duró diez años. Después de todo, Ulises, cansado y más viejo tras sus asombrosas peripecias durante veinte años, logró volver junto a su querida Penélope.

La historia de la Concertación tiene algunas similitudes con la trama homérica. Ha sido un largo y aventurado viaje de casi veinte años. Y podemos distinguir dos períodos de diez años: la Ilíada (Aylwin, Frei) y la Odisea (Lagos, Bachelet).


La Ilíada de la Concertación se inicia con la recuperación de la democracia. Las elecciones le dieron 55% a Patricio Aylwin. La alegría y el entusiasmo llegaron a las playas de Troya. Era la joven, prometedora y colorida imagen
del arco iris. La Concertación iniciaba una larga batalla de reconstrucción de la democracia. Fue una verdadera lucha, llena de esperanzas y dificultades (sólo recuerde el boinazo del 93).


En ese entonces existía una épica, un sentido de lucha en este proceso de democratización. Había una inspiración tras la carta de navegación de la Concertación. La figura de Patricio Aylwin es un fiel reflejo de ello. Lo siguió Eduardo Frei. Pero quizá después de 10 años de lucha, llegamos al fin de la Ilíada de la Concertación. Eso sí, no se necesitó de un caballo de Troya. Pinochet fue detenido en Inglaterra. Este episodio puede considerarse un punto de quiebre. Incluso algunos plantearon que al fin se había cumplido la transición.


Así comienza la segunda etapa, la Odisea: el largo viaje de regreso. Es el período de las aventuras de Ulises navegando por aguas turbulentas. Aquí surgen algunos inconvenientes. Ricardo Lagos fue elegido después de una peligrosa tormenta. Durante su gobierno se escucharon algunos cantos de sirenas. Y pasamos, casi en estado bipolar, de un
Lagos autoritario a una Bachelet acogedora. Este cambio de marea ocasionó nuevas amenazas a la travesía. Desde las profundidades surgieron los cíclopes políticos. Estos monstruos mitológicos fueron bautizados como díscolos. Y en lo poco que queda, las aguas se ven crispadas y revueltas.


Se ha debatido si en la Concertación existen dos
almas. La respuesta políticamente correcta es decir que dentro de la coalición gobernante existen varias. Lo cierto es que este gobierno se ha debatido entre sus dos almas. Una entiende el mercado, y lo valora. Otra no lo entiende, y desconfía. Un sector progresivo cree en la iniciativa individual. Otro, en la mano dura de un poderoso Estado fiscalizador. Nos debatimos en esta dualidad irreconciliable. Y así el bote de la Concertación navega, con inesperados giros de timón, de un lado para otro.


A casi un año de las próximas elecciones presidenciales, después de casi veinte de navegación, la metáfora de la épica de Ulises parece pertinente. La Concertación termina su larga travesía. La revista The Economist ya mencionó un giro
del péndulo político hacia la derecha en Latinoamérica. Y Chile fue citado como ejemplo. La fatiga después del viaje es evidente.


Pero esta última etapa ha sido también dolorosa para la Concertación. Al terminar con el histórico subsidio electoral a la DC, Pepe Auth dio una poderosa señal de bienvenida al cruel mercado de la política. Ya casi no quedan figuras
como la de un emblemático Edgardo Boeninger, símbolo moral de esa épica de recuperación de la democracia.


En lo que queda de esta navegación, muchos miembros de aquella homérica Concertación hoy reman para su lado. Ya no existe una épica en la Concertación que los una. Más bien parece el síndrome
del desembarco. Y quién sabe si Penélope se encontrará tejiendo.


Galería Gabriela Mistral tiene nueva cara web.

Aquí puedes ver desde el año 2002 a la fecha todas las exposiciones que aquí se han realizado.

Cada una de estás exposiciones cuenta con su catálogo en .pdf, fotografías y vídeos, lo que se convierte en gran material investigativo y referente obligado del arte contemporáneo local.

Disfruten.